Algunas personas presentan miedo o rechazo ante la idea de volver a salir, juntarse y hacer vida normal tras el confinamiento.

El desconfinamiento que se ve cada vez más cerca, aparte de libertad, trae consigo temas muy importantes a tener en cuenta que guardan relación con la salud mental tras una temporada “hibernando”.

Luego de más de 12 semanas de confinamiento, cuando las medidas se empiezan a relajar y es posible salir a la calle respetando los ítems de seguridad fundamentales, algunas personas se complican y en vez de disfrutar la recuperación de la libertad, sienten miedo o rechazo a la idea de salir a la calle.

Es lo que se conoce como el síndrome de la cabaña; no se trata de una enfermedad tipificada, sino de un conjunto de síntomas relacionados con el espectro ansioso, aclara Óscar Pino, vocal del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña. Según los estudios de psicología clásicos, continúa el experto, estas manifestaciones son habituales en gente que ha pasado mucho tiempo en situaciones de aislamiento, como plataformas petrolíferas o submarinos.

Los seres humanos tienden a crear rutinas para manejar mejor las situaciones desconocidas. Por eso, mientras que en los primeros días no poder salir a la calle producía desasosiego, ahora que la mayoría se ha acostumbrado a estar en casa, se produce el efecto contrario. Además, la expansión de la enfermedad ha generado un contexto de inseguridad mayor al que había antes del confinamiento y salir a la calle implica exponerse a él.

“El hogar es un refugio ante este marco general de incertidumbre, donde se buscan espacios que apelen a la seguridad y al control”, explica la responsable de Itae Psicología, Laura Solana.

Los individuos que ya contaban con una base ansiosa son más proclives a padecer estos síntomas. “Estas personas tienen tendencia a generar pensamientos circulares negativos que actúan como andamios de escenarios mentales catastróficos”, desarrolla Solana, quien apunta que la sobreexposición a la información durante estos días contribuye a alimentar el pensamiento circular y, por tanto, a generar más ansiedad.

Esto se repite entre aquellos que sufrían patologías previas, como la depresión, la agorafobia o la ansiedad social o por la salud, conocida comúnmente como hipocondría. También aquellos que han pasado el confinamiento solos y no han tenido que realizar salidas rutinarias, “sus habilidades sociales pueden estar en baja forma y se sienten desprotegidos”, justifica el psicólogo del centro Activa Psicología y Formación Félix Zaragoza.

Además, según aseveran los expertos, hay mucha gente que tiene sensación de descontrol, de que esto se nos puede ir de las manos. La percepción de los otros como un peligro es algo que todavía durará un tiempo y producirá un cambio de hábitos.

Para superar los temores, los expertos coinciden en que, como sucede con todos los miedos, lo mejor es enfrentarse a él. Los importante es discernir entre los temores adaptativos que se van superando y los patológicos, que limitan o incapacitan.

La vuelta debe hacerse de manera gradual, aunque sin postergarse demasiado. Lo ideal es empezar por reencontrarse con personas cercanas y realizar salidas para hacer actividades gratificantes, pues esta motivación ayuda a contrarrestar el miedo. En este sentido, las medidas de protección previenen los contagios y tienen un efecto psicológico.

Fuente: ElPais.com
Imágenes: El Pais, Chile.as.com y Clínica Las Condes

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