¿Por qué a mí – una mujer heterosexual, cisgénero, madre y profesional de clase acomodada – me debería interesar discutir y celebrar el mes del orgullo gay? Porque se trata de un movimiento que ha sido un ejemplo de lucha por la igualdad y el respeto a los derechos humanos de cientos de miles de personas a nivel mundial.

Cuando prendes la TV para ver la final de RuPaul o abres tus redes sociales y encuentras una larga lista de celebridades abiertamente gays, es fácil olvidar que recién en 1980 la Asociación Americana de Psiquiatría eliminó a la homosexualidad de la clasificación de enfermedades del DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) o que la “Ley Zamudio”, que establece medidas contra la discriminación en Chile, fue promulgada apenas en el año 2012.

Si bien en Chile y los países desarrollados ha habido un rápido avance en el reconocimiento legal de los derechos LGBT+, todavía existe una alta resistencia social hacia una inclusión activa y real. Aún es habitual el prejuicio en las familias, el bullying en los colegios, la discriminación en los lugares de trabajo y los crímenes de odio en las calles. Además, la comunidad LGBT+ cuenta con peores marcadores de salud mental, tasas más altas de suicidio y peor calidad de vida en comparación con la población general.

El gran desafío es traducir la intención legislativa en una transformación cultural efectiva en el que, tal como con el movimiento feminista, todos debemos asumir nuestra responsabilidad individual, independiente de las diferencias de género, de identidad u orientación sexual.

Siempre es bueno reflexionar sobre los logros alcanzados, sin olvidar los costos físicos y emocionales que se han puesto en juego y todo lo que se ha aprendido en el proceso, ya que muchas de estas lecciones históricas podrían ser aplicables a los conflictos que enfrenta la sociedad actual.

Algunas lecciones del activismo LGBT+ que se deberían destacar, por su aplicabilidad universal, son:

  1. El valor de la diversidad: La pluralidad enriquece el intercambio cultural y el desarrollo intelectual, afectivo, moral y espiritual. Además, la defensa de la diversidad es un imperativo ético, inseparable del respeto de la dignidad de la persona humana.
  2. Escuchar con humildad y autocrítica la opinión de tus oponentes, sin miedo a sacrificar estratégica y puntualmente intereses o principios individuales en pro del beneficio colectivo y de largo plazo.
  3. Ser consciente de las dificultades del proceso. Si bien los objetivos pueden ser ambiciosos, hay que mantenerse pragmáticos y alineados, ya que los cambios no suceden de la noche a la mañana y muchas veces esto puede ser frustrante, extenuante e incluso confuso, arriesgando la división al interior de los movimientos.
  4. Ser respetuoso en el debate. El progreso real comienza cuando dejamos de intentar imponer nuestra visión a los otros y comenzamos a dar espacio para comprender nuestras realidades y discutir de manera informada.
  5. Love is Love. Si el amor es genuino, y respetuoso de la libertades individuales, no importa la orientación sexual, los credos, la raza o la diferencias socioeconómicas.

¿Cuál es tu relación con el movimiento LGBT+? ¿Vas a participar de alguna actividad especial?

 

 

 

 

 

 

 

¡Suscríbete al Newsletter!

Forma parte de la exclusiva comunidad de Pasión de María.