¡Este era uno de mis grandes temas pendientes! Considero que siempre me he alimentado muy bien, nunca he tenido grandes problemas de salud y la mayor parte del tiempo estoy conforme con mi peso. Pero cuando nació Leonor, mi panorama cambió. Mi hija, hoy de 1 año y 8 meses, tiene alergia alimentaria a la leche y el huevo, lo que significó que durante todo el periodo de lactancia materna exclusiva, que duró casi un año, yo tuviera que realizar una dieta restrictiva muy estricta. O sea que, durante meses, no pude comer ningún alimento que tuviera ni siquiera la más mínima concentración de lácteos o huevos. ¡No fue fácil! Todos, absolutamente todos los alimentos procesados tienen estos ingredientes (si no me creen, lean las etiquetas) y para que hablar de lo difícil que es asegurar que no hayan trazas cuando sales a comer…(eso da para otro post). Traté de hacerlo lo mejor posible, pero en el proceso me surgieron muchas dudas y me di cuenta que – pese a ser médico – mis conocimientos de nutrición eran casi nulos. Además, me atormentaba el hecho de que fui muy inconstante para tomar calcio durante la lactancia.

¿Suplementar o no suplementar con calcio? ¿Tiene la misma calidad el calcio de un yogurt que el de una leche vegetal? ¿Es lo mismo la proteína vegetal que la animal? ¡Uf, bombardeo de preguntas! Para resolver mis dudas, hice lo que hacemos todas: fui a Google. El problema fue que me encontré con una cantidad alarmante de blogs (unos muy populares) que entregaban información sin evidencia científica, contradictoria o sencillamente falsa. Entonces, recordé que hace un tiempo oí hablar de Benefit Nutrición, un centro de médicos especialistas en nutrición que realizan asesoría integral, así que allá partí y les propuse que no sólo me evalúen, sino que hagamos una colaboración permanente para generar contenido serio, confiable y de calidad para ir aclarando dudas y derribar mitos en torno a la nutrición.  

¡Este proyecto me tiene demasiado entusiasmada! Nunca en mi vida había ido a una nutricionista ni a una médico nutrióloga, por lo que siento que es una gran oportunidad para aprender a cuidar mi cuerpo y salud a través de una alimentación balanceada. Pero lo que más me emociona es que voy a poder ir compartiendo este proceso con todas ustedes. Por eso, les quería pedir que me hagan llegar sus preguntas e inquietudes para revisar los temas que más se repitan.

A continuación, les cuento cual es la importancia de una evaluación nutricional y cual fue mi experiencia 😉

¿QUÉ ES UNA EVALUACIÓN NUTRICIONAL INTEGRAL?

Es la determinación del nivel de salud y bienestar de una persona, desde el punto de vista de su nutrición, en el cual se analiza si sus demandas fisiológicas, bioquímicas y metabólicas están o no cubiertas por la ingestión de nutrientes.

Una nutrición equilibrada implica un aporte adecuado de nutrientes y energía específico para cada individuo. Todos tenemos distintos requerimientos dependiendo de nuestra edad, sexo, nivel de actividad y estado de salud o enfermedad, por lo tanto, las dietas siempre deben ser personalizadas, o dicho de otra forma, lo que le sirvió a una amiga no necesariamente me va a funcionar a mí.

Además, la evaluación nutricional tiene como objetivos la detección temprana de pacientes con riesgo de malnutrición (por déficit o exceso de nutrientes) y la planificación y control de eficacia de distintos regímenes dietéticos. Estos programas pueden estar orientados a:

  • Bajar de peso
  • Manejo de enfermedad cardiovascular (diabetes, hipertensión arterial)
  • Fertilidad, embarazo y lactancia
  • Colon irritable
  • Dietas vegetarianas y veganas
  • Medicina preventiva y deportiva

¿EN QUÉ CONSISTE UNA EVALUACIÓN NUTRICIONAL?

Mi primera consulta en Benefit con una médico nutrióloga duró 40 minutos, y la sesión estuvo dividida en distintas partes:

  1. Historia clínica: Evaluación de los antecedentes personales y familiares de enfermedades actuales y pasadas, cirugías, uso de fármacos, consumo de tabaco, alcohol y drogas, alergia, hábitos generales y actividad física.
  2. Historial nutricional: La doctora pregunta específicamente por los objetivos de tratamiento, pesos máximos y mínimos, fluctuaciones, historia de manejo anterior de peso con profesionales y el uso de fármacos reguladores del apetito o ansiedad. Luego, se recopila información para entender los hábitos alimentarios, lo que incluye una encuesta detallada de alimentación de 24 horas, y la frecuencia de alimentación semanal y mensual de alimentos específicos.
  3. Informe psicosocial: Se analiza el contexto familiar, social y laboral, especificando horarios, quien compra, quien cocina y cómo cocina, acceso a casinos y frecuencia de salida a restaurantes.
  4. Antropometría: Consiste en la medición de estatura, peso, IMC, circunferencia abdominal y bioimpedanciometría. Este último es un examen que, en segundos y sin dolor, es capaz de determinar el peso total y peso en músculo, agua, grasa y minerales. Además, permite medir parámetros de riesgo cardiovascular y aproximación al gasto metabólico basal diario ¡súper completo, lo amé!
  5. Solicitud de exámenes de laboratorio, la cual se hace de forma dirigida según los resultados de las fases anteriores, es decir, no piden exámenes que no necesitas.
Bioimpedanciometría en BENEFIT Nutrición.

DIAGNÓSTICO Y PAUTA DE ALIMENTACIÓN

Una vez terminada la evaluación, la doctora me entregó un completo informe diagnóstico y una pauta de alimentación personalizada según mis objetivos y estilo de vida. Por suerte, no hubo sufrimiento: ¡todos mis parámetros antropométricos estaban dentro de rangos normales! En general, mi intuición nutricional era correcta y sólo me sugirió hacer pequeñas modificaciones en mis hábitos alimenticios, tales como incorporar pequeñas cantidades de carbohidratos y bajar el consumo de aceites, ya que mi metabolismo no aguanta tanta palta ni aceite de oliva, LOL.

Lo más novedoso para mí fue el formato de la pauta de alimentación (ojo, recuerden que yo nunca había ido a la nutricionista ni a la nutrióloga, por lo que todo era nuevo para mí). Solicité que se respetara mi hábito de 3 comidas (desayuno, almuerzo y cena) y 3 colaciones, entonces, en cada comida se indican cuántas porciones y de que grupo de alimentos debo comer. Paralelamente, se adjunta una completa lista por cada grupo de alimentos con las medidas equivalentes a 1 porción. Por ejemplo, al desayuno debo comer 2 porciones de proteínas y 1 porción de fruta, lo que en la práctica pueden ser 2 huevos y ½ plátano.

En el fondo, se pueden ir cambiando y combinando los elementos de las listas como quieras, siempre y cuando se respeten las porciones diarias totales y los grupos de alimentos indicados ¡esa es la clave!

Otro gran descubrimiento fueron “las medidas”: unas tacitas que sirven para cuantificar con precisión las porciones de alimentos, y de esta manera no engañarse con “la medida al ojo” que es donde la mayoría nos ponemos auto-complacientes. En Benefit sugieren unas de silicona de CasaIdeas, pero como estaban agotadas compré unas de acero en El Volcán.

Llevo una semana siguiendo mi pauta personalizada y la verdad es que ha sido súper fácil. De hecho, me arrepiento un poco de no haber consultado antes. En las próximas semanas les iré contando si percibo beneficios y escribiré según las dudas nutricionales que vayan surgiendo. Y ustedes, ¿se habían hecho alguna evaluación nutricional? ¿han seguido alguna dieta especial? ¿qué preguntas les gustaría aclarar sobre este tema? ¡las leo!

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