Nuestra editora y psiquiatra María Carrasco entrevistó en vivo a la abogada, creadora de Comunidad Mujer, directora de empresas y  fundadora de Puente Social, Claudia Bobadilla. Habló de su historia, de cómo alcanzó todos los logros durante su carrera, lo que necesita el Chile de hoy, el estallido social y por qué votará APRUEBO. ¡Lee todo aquí!

SU HISTORIA

¿Cómo eras cuando eras chica?

Era tímida y ha sido un trabajo vencer la timidez. Todo lo que tenía que ver con actividad física me asustaba. La actividad física siempre fue un tema. Era mala por la falta de confianza. Me sentía segura en mi casa. Era introvertida y me sentía bien acurrucadita en mi camita. Siempre soñando mucho sobre el mundo.

Nací en provincia, en Talca, pero viví en el pueblito Molina, y un tiempo en Curicó. Estuve en un colegio muy relevante que fue la Alianza Francesa y desde pequeña me conectó con que había un mundo más allá que ese pequeño lugar.

Mis héroes siempre han sido los exploradores y me hubiera encantado ser exploradora.

¿Y tu vida fuera de Chile?

A los 21 años, me fui a vivir a París y congelé la Universidad. Me enamoré de un francés así que el amor me llevó a ese lugar, donde nunca había estado. Fue un viaje transformacional porque en esa época (’86-’87) se estaban discutiendo temas en la sociedad que nosotros conversamos mucho tiempo después, como la pastilla anticonceptiva. Tuve un sentido de mucha libertad, como sentarse en un café y sentir la libertad interior y exterior de ser uno mismo sin juicios. Eso fue muy importante. Estuve varios meses fuera y mis papás no me hablaron durante ese tiempo.

Después me hizo clic como “este no es el lugar al que quieres llegar, tengo que volver y terminar de estudiar” y volví a retomar derecho en la UDP.

Elegí estudiar Derecho por descarte. Me hubiera gustado estudiar Teatro y en esa época era inaceptable, al menos en mi familia. Fue interesante porque te forma una estructura de la sociedad desde las leyes. Agustín Squella y Carlos Peña fueron mis profesores, por ejemplo, y yo estudiaba en una época de efervescencia política y cambios.

Y de ahí a crear Comunidad Mujer, ¿cómo fue?

Descubrí el mundo tecnológico trabajando como abogada con ingenieros. En esa época estaba llegando internet. Tenía 2 hijos y tuve que conciliar el trabajo profesional con la maternidad de estar principalmente a cargo de tus hijos. Ahí me di cuenta que había muchas mujeres que pensaban “si trabajo descuido la casa” y ese malestar me llevó a crear Comunidad Mujer para ver cómo avanzar en la conciliación entre la maternidad y el trabajo. Impulsar que mujeres tuvieran los mayores sueños sin límites en empresas.

MUJERES EN EMPRESAS

¿Cómo ves el rol de la mujer en el trabajo?

Antes, el diseño del mundo laboral era hecho para y por los hombres, ellos estaban más en ese mundo y después llega alguien de afuera y hace notar esa arquitectura del mundo del trabajo es muy poco sostenible para una mujer que, además, quiere ser madre. Y eso una lo tiene que decir, ahora hay menos rollo en que la mujer pueda expresar sus necesidades a la hora de trabajar.

La diversidad (en todo sentido) hace que los otros puedan empezar a mirar tipos de prácticas que los de la “no diversidad”.

Prácticas de empresas multinacionales, que estaban anticipadas, fueron determinantes para que el mundo de empresas locales viera esa necesidad de integrarlas.

PAÍS DIGITAL

¿Cuáles fueron los pasos de esa integración?

Uno anticipaba como que venía una gran transformación y tenía que estar ahí. La manera en la que nos comunicamos, el mundo del trabajo, el mundo de cómo compramos, cómo nos relacionamos con el mundo del comercio, etc. Fue un olfato.

Lo primero que hice ahí fue instalar las expediciones tecnológicas: cómo vamos, este mundo empresarial, a entender cuáles son los grandes cambios que algunos actores están liderando en el mundo. Cada año partíamos a algún lugar del mundo (India, España, Silicon Valley, etc).

18 DE OCTUBRE DE 2019 – PUENTE SOCIAL

En diciembre del año pasado Claudia pasó 40 días y 40 noches viviendo en diez comunas vulnerables de Chile, eso le ayudó a entender los dolores que derivaron en el estallido social. Hoy, la abogada y nueva consejera de Sofofa tiene un diagnóstico claro: la dignidad de las personas tiene que integrarse en el core de las compañías; se acabaron los tiempos de las explicaciones, ahora hay que actuar, por -a su juicio- la sostenibilidad del país y también de las organizaciones. (La Tercera, 27 Jun 2020)

¿Cómo viviste el estallido social?

Estaba en EE.UU. yendo a Santa Fe y me conecté al wi-fi y veo las noticias de los niños saltando los torniquetes y pensé: aquí viene un momento de cambio muy profundo en nuestro país y tengo que volver.

Aterricé en Albuquerque y cambié el pasaje para volver al día siguiente. Tuve esa necesidad de estar de vuelta en Chile.

Llegué y me encerré en mi casita, que es como la cama de la infancia donde me sentía protegida, y comencé a leer y mirar todas las noticias, hacer análisis, para tratar de entender qué estaba ocurriendo. Estuve así octubre y noviembre y empecé a incubar el malestar pero desde el dolor. Sentirme ignorante respecto a la realidad de mis hermanas y hermanos, de mi país, y sentía el dolor de la inutilidad.

Y luego hiciste lo que ya habías aprendió a hacer muy bien, ir en terreno a levantar información…

Esa necesidad vital de hacer algo, si no lo hacía sentía que me iba a morir. Llamé a 5 amigos y les dije lo que me sucedía. Se me ocurre ir a escuchar a personas que jamás hemos escuchado, a lugares que jamás habíamos ido y eso fue el 20 de diciembre y el 26 estuvimos ya instalados en Independencia.

En ese momento había mucha polarización y tensión, y nosotros no tuvimos miedo para hacer lo que teníamos que hacer. Fue precioso porque más de 400 personas tuvieron la disposición de abrirse como seres humanos y compartir sus historias, territorios, mostrar la capacidad de liderazgo… No nos cansamos en esas horas maratónicas al día, sino que sentía que estar ahí en contacto con las comunidades y descubrir ese valor que hay en cada uno ha sido una de las cosas más gratificantes y transformadoras que he tenido en mi vida.

He trabajado en el mundo empresarial pero no soy parte de ese mundo. Vengo de Curicó, vengo de una familia de clase media, mi madre dueña de casa nos sacó adelante, entonces es distinto.

Este viaje de los 40 días lo que hizo fue conectarme a mis orígenes, fue un encuentro personal con mi propia historia y empezar a conectar con toda la comunidad de personas preciosas -con las que seguimos en contacto- para escuchar antes de decir qué hacer. Escuchar lo que no quieres escuchar y quedarte en silencio. Fuimos sin tesis de nada, fuimos porque genuinamente quisimos escuchar al otro para luego hacer una reflexión y ver qué aparece desde ahí.

Nosotros fuimos con nuestros propios ahorros y, desde ese proceso, aparecen preguntas como: ¿Será posible que podamos reconectarnos? (como personas y después como empresas en este contexto social)

Pucha que hemos tejido mal nuestras relaciones, por dios que hemos armado mal nuestras estructuras como sociedad que hace que alguien (nosotros) por haber ido a conversar 40 días se transforme en algo excepcional cuando debería ser la normalidad el conversar con personas que no conocemos e incorporar esas diferencias.

APRUEBO

La decisión tiene que ver con la reflexión de la experiencia de ir al encuentro con el otro y escuchar y entender la base de lo que gatilla el estallido social: un llamado a la dignidad en todos los planos (dignidad, salud, vivienda, educación, espacios públicos, en el trato) y empiezas a decir que las voces de todos importan, entonces qué espacio podría habilitar a que todas esas voces pudieran confluir para tener la oportunidad de tejer nuestra sociedad sin que se nos “vayan los puntos”.

Estoy en una posición distante a eso (personas que rechazan). Nunca hemos tenido una oportunidad para construir un proyecto de sociedad entre todos. Es el momento de poder realmente sentarnos como país, reconociendo toda la diversidad, para conversar, aprender a debatir, dialogar y encontrar los consensos.

Ya no funciona lo que funcionaba hace 30 años.

¿Por qué es tan importante que todas las voces estén presentes?

Porque los representantes que estén ahí realmente sean representantes en discusiones como el estado plurinacional y multicultural, la red de protección social robusta, poner en la mesa la discusión sobre el ingreso básico universal, cómo cuidaremos a los adultos mayores con una pensión insuficiente, la modernización del Estado, el acceso a la cultura y al arte, etc.

¿Has pensado dedicarte a la vida política?

No, es un mundo muy desconocido ahora. Sí he pensado en ser delegada a la Constituyente porque creo que es muy relevante que esa discusión se dE abierta, exclusiva y civilizadamente. Creo que eso sería lo más cercano, pero me siento muy parte del lugar desde donde me he desarrollado profesionalmente.

Siento que mi espacio para ser política (no partidista) en el sentido más profundo es en el mundo empresarial.

¿Cómo crees que estaremos en un año más?

Creo que el proceso del 25 de octubre, el triunfo del apruebo, abrirá un espacio valioso para reencontrarnos y retejer nuestra infraestructura de relaciones. Tengo bastante confianza en eso.

No tengo miedo a los cambios y creo que está la sabiduría y sentido común en la ciudadanía.

Para ver la entrevista completa haz clic aquí.

Sigue a Claudia Bobadilla en su cuenta de Instagram aquí, y a Puente Social aquí.

FOTOS: Capital.cl, La Tercera y Emol

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